Actividad física y ejercicio físico. ¿En qué se diferencian?

Bueno, bueno, bueno. Vamos a ir empezando ya con algo de teoría.

Como habréis podido intuir en el título, además de haberlo mencionado de pasada en alguna ocasión, el ejercicio físico y la actividad física no son sinónimos.

Entonces, ¿en qué se diferencian?


¡Bien! Vamos a empezar hablando de la Actividad física (ya entenderéis el por qué).

Este término hace referencia a cualquier movimiento que hagamos que dé lugar a un gasto de energía. Vamos, a quemar calorías.

Caminar, correr, subir escaleras, ir en bici, trabajar, jugar, bailar, realizar las tareas de casa, sentarnos y levantarnos del sofá (esto cuenta como sentadilla 😂) o, por supuesto, el ejercicio físico.


Y he aquí el quid de la cuestión. El ejercicio físico constituye en sí mismo un tipo de actividad física. En este caso hablamos de una actividad física programada, estructurada y, en cierto modo, repetitiva que se realiza con un objetivo, ya sea por salud, por estética, por mejora o mantenimiento de la condición física, liberación de estrés,
por diversión...



Y vosotros me diréis, "Bueno, a ver, ¿para qué nos sueltas esta chapa? Dime que haga deporte y ya está ". Pues no, amigos, no es suficiente.

La importancia de esto que os estoy contando radica en que cada vez nos movemos menos, y eso tiene consecuencias innegables en nuestra salud.
Hay estudios en los que se ha observado que el sedentarismo representa el cuarto factor de riesgo en lo que respecta a la mortalidad a nivel mundial (alrededor de un 6%), puesto que constituye uno de los principales factores de riesgo de mortalidad por enfermedades no transmisibles junto con el tabaco, la mala alimentación y el consumo de alcohol.

Estas enfermedades no transmisibles son, por ejemplo, la patología cardíaca, los eventos cerebrovasculares, la diabetes e incluso algunos tipos de cáncer.

Si lo analizamos desde el punto de vista estadístico, una persona, por el hecho de ser sedentaria, tiene un riesgo de muerte entre un 20-30% mayor en comparación con las que llevan un estilo de vida activo.
Si tenemos en cuenta que, al menos, un 60% de la población mundial no realiza la actividad física necesaria para conseguir beneficios en salud, imaginad la cantidad de población en riesgo de desarrollar enfermedades crónicas.

Esto no se arregla con una hora de ejercicio al día.
Además del deporte, necesitamos aumentar nuestra actividad diaria.
No se trata de matarnos en el gimnasio o correr una maratón, se trata de pequeños gestos en nuestro estilo de vida que se van sumando: subir por las escaleras en lugar del ascensor, ir al trabajo andando o en bici, bajarnos una parada antes en el autobús y continuar un poquito a pie...

En definitiva, hacer ejercicio está bien, de hecho está muy bien, pero es sólo una parte de lo que nuestro organismo necesita. Una hora al día dos o tres veces en semana no compensa si el resto de la semana lo pasamos sentados.

Os animo a hacer esos pequeños cambios en vuestro día a día y a que experimentéis los beneficios de la actividad física en vuestras carnes... ¡Sedentarios, levantaos!





Os dejo por aquí algunos enlaces a la bibliografía que he utilizado:

Pulsando aquí llegaréis a un documento de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la estrategia de prevención y actuación frente a las enfermedades no transmisibles.

Por aquí os dejo la página de la OMS con la definición de la actividad física. Veréis que hay muchos enlaces hacia otras páginas. Os invito a bucear en su web para que os familiaricéis con la información y os sea más sencillo asimilar lo próximo que vayamos hablando.

Por último, una página, también de la OMS, que comenta lo que hemos hablado de la inactividad física. Pulsa aquí.


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Galería de imágenes:

Mujer caminando: nensuria en istockphoto.

Deportista efusiva: RyanMcGuire en Pixabay.

Salto: Pexels en Pixabay.


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