El mundo ha cambiado, y nosotros con él.
Pensad, por ejemplo, en el ámbito laboral.
Hemos pasado de trabajos que implicaban un mayor esfuerzo físico a empleos en los que estamos varias horas sentados o en predominio del "pie quieto".
Oficinas, bancos, consultas, comercios, turismo, hostelería... La sociedad avanza y modifica sus necesidades, apareciendo mayor demanda en el sector terciario y, por lo tanto, ampliando la oferta de empleo hacia estos trabajos menos activos.
De hecho, el mismo avance tecnológico también influye en el trabajo de los otros sectores. La aparición de la maquinaria y la mejora de herramientas ha facilitado el desempeño de estos trabajos además de mejorar las condiciones del mismo.
Sin embargo, al final del día esto supone un gasto de energía menor del que solía precisar este tipo de labores.
El ocio tampoco nos está ayudando mucho en mantener una vida activa.
El desarrollo de los videojuegos, la televisión, el ordenador, las plataformas de contenido online... Todo nos empuja a pasar más tiempo sentados.
En cuanto a la movilidad, más de lo mismo.
El transporte público y el automóvil se han convertido en indispensables a la hora de desplazarnos.
He visto gente acercarse a la vuelta de la esquina con la motillo a comprar el pan.
Seguro que tú también los has visto y si no, a lo mejor el que iba en la motillo eras tú 😂.
Y a más tecnología, menos movimiento.
La bicicleta y el patinete ahora son eléctricos, y cada vez más utilizados para los desplazamientos en las grandes ciudades.
Por no hablar de los inventos nuevos, como este artilugio que estuvo hace poco de moda.
Pero, ¿cómo prescindir de los vehículos con nuestro ritmo de vida?
Necesitamos movernos más y más rápido, puesto que nos arriesgamos a perder el que se ha convertido en el bien más escaso y preciado de la vida moderna: el tiempo.
Y eso no sólo nos afecta al tiempo que dedicamos al ejercicio y a la actividad física, también influye en lo que comemos.A menos tiempo, menos nos preocupamos por cocinar e intentamos ir a lo rápido que, la mayor parte de las veces, resulta ser lo menos saludable.
En conclusión, vivimos muy deprisa y tenemos las horas muy ocupadas. Además, las actividades y
tareas que realizamos en nuestro día a día cada vez requieren de menos esfuerzo físico y, por consiguiente, menor gasto de energía.
En definitiva, la vida hoy es más sedentaria. ¿Te animas a cambiarla?
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